lunes, 5 de enero de 2015

Aviones y perchas.Segunda parte




Reiji deja la maleta a los pies de la cama y sonríe viendo a Miyu tirado en la suya.

- Haru tiene razón, aunque me encantaría darte un masaje lo mismo no es buena idea… *señala el teléfono de la habitación* -¿Quieres llamar a un masajista?-

Coge su abrigo y saca el tabaco. Se acostumbró fumar tabaco de liar al volver de USA, como olía menos fuerte su familia le dejaba fumar tranquilo, y al final liarse el cigarro le calma casi tanto como fumarlo. 

*Uf, estoy hecho polvo, ¿solo tenemos una hora? Arg, odio volar ¬¬*

Lo único bueno es que como el grupo es bastante famoso la agencia les suele poner en buenos hoteles cuando salen de Tokyo o de Japón. La habitación en la que están tiene terraza, Ueda siempre pide habitaciones con terraza para que Reiji fume ahí y no tenga una excusa para salir a la calle. La última vez que salió a fumar no volvió al hotel en toda la noche. Reiji sonríe al recordarlo. En realidad no pasó nada especial, pero Kaminari casi le arranca la cabeza y Haru le tuvo que defender. Reiji mira a Haru tumbado en la cama, se ha puesto el brazo por encima de los ojos.

*Jeh…* Mira a Miyu y le hace señas de que no diga nada. Se pone de pie y va con mucho cuidado a ponerse al lado de Haru, se agacha y le sopla justo encima de los labios. Da un salto para alejarse y se ríe.

- Cariño, no me esperes despierta, voy a fumar.

Todavía riéndose sale a la terraza y se enciende el cigarro. Una cosa que no le gusta de Japón es el poco contacto físico que hay habitualmente entre las personas. En USA vio cómo los americanos eran mucho más efusivos y le gustaba sentir el calor de la gente, pero al volver a Tokyo vio que no podía hacer lo mismo y lo echaba de menos hasta que conoció a Haru. Es raro, porque Haru con lo alto que es y con su personalidad tan responsable no parece el tipo de persona con la que puedas tener este tipo de confianzas, pero por algún motivo nunca ha sentido que estuviese fuera de lugar con Haru, siempre está cómodo a su lado. 

Da una calada y mira el paisaje inmerso en sus pensamientos. 

Gracias al grupo tiene muchas cosas y ha vivido experiencias nuevas, pero desde luego lo que más le gusta es la sensación de estar en casa cuando está con todos. Miyu es un soplo de inocencia, con Haru se siente tranquilo, en Ryu puede confiar y con Kaze puede ser él mismo siempre. Todos le aceptan tal y como es. 

*Soy un tío con suerte- sonríe mientras apaga el cigarro-. Cuando volvamos a Tokyo les invitaré a cenar*.

Entra de nuevo en la habitación y se tumba en la cama de Miyu, que sigue nervioso. Habla en voz baja para no despertar a Haru.

- Miyu, todo va a salir bien, no te preocupes- le achucha y cierra los ojos para descansar antes de que les llamen.

***********

Miyu miró el teléfono que había señalado Reiji. Negó con la cabeza repetidas veces y hundió el rostro en la almohada mientras soltaba un ahogado “no quiero”. Le daba mucho reparo enseñar su cuerpo. No es que tuviese complejo de algún tipo, porque pensaba que su cuerpo era normal, sino que era pudoroso en ese sentido. Los primeros meses de estar en el grupo, intentaba por todos los medios cambiarse de ropa a solas o que no le viesen de alguna manera (como cambiarse a la velocidad de la luz o solapar una prenda con otra). De cintura para abajo no le importaba demasiado, las piernas en sí, pero de cintura para arriba…

A base de confianza y mucha convivencia, había terminado por acostumbrarse a sus compañeros y por eso les había pedido el masaje a ellos. Pero no importaba, seguro que con estar bien estirado en la cama se le pasaba el pequeño entumecimiento. 

Observó las intenciones de Reiji y le dejó hacer con una sonrisa en los labios de complicidad. 

Cuando Reiji salió a la terraza a fumar, Miyu contempló a Haru tumbado. Estaba tumbado. Se mordió el labio inferior. Sabía que debía dejarle tranquilo pero… le apetecía tanto tumbarse encima de él…

<<Quiero…>>, gimoteó mientras se debatía internamente. Pero tanto tiempo estuvo dándole vueltas al tema, que cuando quiso darse cuenta, Reiji ya estaba de nuevo en la habitación. Soltó un profundo y largo suspiro. <<He aguantado como un campeón>>, pensó con un ramalazo de orgullo.

Y tampoco podía desquitarse con Reiji porque éste se había tumbado en su cama y de lado. Así que simplemente se giró para quedar cara a cara.

-¿Tú no estás nervioso? –preguntó en un susurro.
Se dejó achuchar y pasó su brazo entorno a Reiji para reposar abrazado a él. Lo bueno es que dormir nunca le costaba. Cayó dormido casi al instante.

Unos golpes de nudillo sonaron en la puerta de la habitación. Parecía que no habían pasado ni 5 minutos desde que cerró los ojos, pero el tiempo de relax ya había pasado.

En la puerta les esperaba Ueda y Bill. Había que trasladarse al lugar del desfile para la práctica y no volverían al hotel hasta bien entrada la madrugada, porque después del desfile oficial (que era por la noche), había un buffet para los modelos, diseñadores, prensa y famoseo. Nada mejor para entablar nuevos contactos.

**********

Haru dio un manotazo al aire al sentir a Reiji.

- Cariño, no me esperes despierta, voy a fumar.

-Mira que eres plasta - lo dijo tan bajito que solo lo pudo escuchar él.

No llegó a dormirse, rara vez podía conseguirlo, pero tener los ojos cerrados nunca venía mal, le ayudaba a descansar. 

Se sentó en la cama y vio a Reiji y Miyu tumbados, uno abrazado al otro. *...*
Decidió hacerse un té con lo que había en la habitación mientras llegaba la hora de irse.

Estaba terminando su té , mientras pensaba en sus cosas, cuando sonó la puerta. Como Reiji y Miyu seguían en la cama se encargó él de abrir. Eran Ueda y Bill. Haru les dedicó una amplia sonrisa.

- ¿Ya nos vamos? - 

Fue a por sus cosas: cartera, teléfono y gafas de sol. No necesitaban nada más. 
Cuando se dio la vuelta, para ir hacía la puerta, vio a Ueda junto a la cama donde antes estaban durmiendo Miyu y Reiji. No veía a Miyu, por lo que dedujo que estaría fuera con Bill o escondido...esperaba que fuese lo primero. Reiji seguía tumbado en la cama, Ueda le miraba con un brillo extraño en los ojos... y ya sabía cual era el motivo, llevaba en la mano una jarra con agua, la misma que había usado Haru para el té.

- Dime Reiji, ¿ Qué te gusta más, el agua fria o el agua caliente? - Ueda no le dio tiempo a responder, empezó a verter el agua sobre él, despacio, para no empapar demasiado la cama.
- Me estás haciendo perder el tiempo, tienes cinco segundos para cambiarte. - Se quedo esperando, pero no dejó la jarra, por si la tenía que volver a usar.

Haru ya había visto suficiente, al salir y pasar al lado de Ueda le agarró de un hombro.

-Como te pasas Ueda, a ver si por la tontería se nos va a poner enfermo. Os espero abajo. -

Mientras salía de la habitación se preguntaba que hubiese pasado si Ueda supiera la autentica historia del especial. Al final se había apiadado y había maquillado un poco la historia de tal forma que unos cuantos insultos y amenazas hacia Haru por correo habían servido para que Ueda se desahogara y Miyu y Reiji se librasen del castigo.

Miró el reloj. *uwaaa ya queda menos* Tenía muchas ganas de llegar de una vez, se le estaba haciendo la mañana eterna.
Mientras esperaba se quedó inmerso en su fashion-mundo paralelo ...

**********

- Dime Reiji, ¿qué te gusta más, el agua fría o el agua caliente?Reiji oye la voz de Ueda viniendo de muy lejos y de repente agua…

-¡¡Waaah!! – se incorpora de un salto y mira a su alrededor. Se encuentra con los ojos airados de Ueda.

- Me estás haciendo perder el tiempo, tienes cinco segundos para cambiarte.

…mierda, ¿se habrá enterado de lo del avión? Se pone de pie en seguida y le pide perdón a Ueda. Se cambia de camiseta y sale de la habitación a la velocidad de la luz. *Arg, el móvil* Vuelve a entrar corriendo y casi se choca con Kaminari. Coge el móvil y vuelve a salir. Cierra la puerta de la habitación y da un par de zancadas para ponerse a la altura de Bill y Miyu.

Les llevan en coche a la localización del desfile. Una vez allí un montón de gente rodea a Bill y le acosan a preguntas. Reiji coge a Miyu y se aleja para dejar más espacio a Bill. Mira a Haru: está en su paraíso particular.

Ueda se despide de ellos y alguien les lleva a un camerino enorme en el que hay varios modelos a los que están vistiendo otros diseñadores. Mientras esperan se les acercan un par de chicos a hablar con Haru y a pedirle autógrafos, al parecer es un referente de estilo para ellos; tampoco ha pasado desapercibido para otros diseñadores, que no le quitan los ojos de encima.

A Reiji le gusta este ambiente, pero no ve tías por ninguna parte. Le ha jodido la forma de despertarle de Ueda, era totalmente innecesario, y encima no hay tías. Empieza a fruncir el ceño, necesita un café.

Por fin llega Bill con un perchero enorme lleno de ropa. Saluda a otros modelos y diseñadores y se reúne con el grupo para vestirles.

*********

El ruido que hicieron al abrir la puerta y charlar, fue suficiente para que Miyu se despertase. Al principio miró un poco desorientado a los que estaban dentro de la habitación, y al cuarto en sí, pero pronto se ubicó y atendió a las exigencias del momento. Sacó del equipaje de mano que se había traído lo indispensable. Móvil, algunos caramelos y poco más.

La pequeña siesta le había sentado muy bien, pero ahora que era consciente de nuevo de lo que se avecinaba, los nervios volvieron a atenazarle el estómago. Por suerte eran más controlables que antes del vuelo.

Salió de la habitación para reunirse con Bill en el pasillo, así que no se enteró de lo que había pasado hasta que Reiji soltó la exclamación. Se asomó por el hueco de la puerta para ver qué había pasado y sonrió al ver la jarra y los aspavientos de Reiji.

El trayecto hacia el lugar del desfile, se lo pasó tomando algunas fotos de los miembros y vídeos. Se afanó por retocar alguna de ellas y ponerle añadidos como bocadillos, frases sueltas y demás. El móvil y él, parecían un único ser.

Hizo reverencias respetuosas a los organizadores del evento y al diseñador que les había solicitado. Se presentó con buenos modales y pidió que cuidasen de él. Una vez en el camerino, observó con curiosidad al resto de modelos para esa firma. A lo mejor conocía a alguno por casualidad pero no le sonó ninguna cara. De todas formas, su madre no eran tan famosa como para tener ese tipo de modelos.

Tomó asiento en uno de los sofás mientras esperaba que alguien le mandase algo. Bill había desaparecido porque tenía que encargarse de preparar a varios modelos y no sólo a ellos. Alguna vez lo vio pasar por delante del camerino y Miyu se le quedó mirando. Lucía tan profesional y seguro de sí mismo… <<Es un ejemplo a seguir>>, pensó el chico.

Los nervios no le dejaban bromear y hacer tonterías. 

La siguiente vez que vio a Bill, éste se acercaba con un perchero y con la intención de pasar al camerino. Miyu se apartó para dejarle paso.

-¿Esto es para nosotros? –preguntó señalando la ropa.

-Todo esto no. Pero… -buscó entre las perchas-, estas tres del final son lo que vais a llevar.

Las extrajo y se las fue pasando uno a uno.

-Ponéroslo vosotros y ahora os retoco los detalles. Si tenéis alguna duda de cómo se pone alguna prenda, decírmelo, ¿ok? –dijo Bill. Con el tema de las medidas no habría ningún problema porque ya se había encargado hace tiempo de pasar las medidas de cada uno al diseñador. No eran prendas echas exactamente para ellos, pero sí retocadas. Como achicar algunas zonas o viceversa.

Miyu curioseó nada más abrir la cremallera de la funda que protegía la ropa.

-¡Morado y negro! –exclamó encantado-. Eh, y plata. Me gusta –lucía una sonrisa resplandeciente. La verdad es que le hubiera dado igual con qué tipo de ropa desfilar, pero el hecho de que fuese de sus colores favoritos, le ponía de buen humor. Más de lo que siempre estaba.

Pero había algo que le impedía cambiarse en ese momento. En el camerino no estaba a solas con el grupo. Había gente desconocida. <<Debería ser como Bill, ¿no?>>, se preguntó a sí mismo. No debía dar problemas innecesarios. <<Pero…>>, miró a su alrededor preocupado.

Al final terminó por acercarse a Haru.

-Haru… -dijo para llamar su atención-. Me da cosa cambiarme aquí. Puedes, no sé, cubrirme en esa esquina –señaló una de las esquinas vacías del camerino. Si Haru se ponía delante de él tapándole, no le vería nadie. Haru era alto, seguro que le cubría bien.

*************

Cuando llegaron a la localización se dejó llevar por el ambiente y se quedó admirando sus alrededores, como un niño en una tienda de caramelos.

Una vez en el camerino volvió a centrarse para saludar y agradecer al diseñador y los organizadores el haberles ofrecido participar . Reconocía bastantes caras, de haber trabajado con ellos o de verlos en la prensa. Entre firmar autógrafos y saludar, no tuvo mucho tiempo para hablar con Reiji y Miyu, pero por lo menos la espera se le hizo corta. Ya tendrían tiempo de cotillear luego, al volver de la fiesta...la fiesta, Haru tenía ganas de ir, no solo por tener que cambiarse de ropa, las fiestas como esa significaban nuevos y jugosos contratos.

Mientras hablaba con un par de modelos vio a Bill y Miyu hablando. 

- Lo siento, pero creo que me necesitan por allí. Encantado de conoceros, espero veros luego. - Se despidió con una sonrisa. No es que le hubiese apasionado mucho la conversación con ellos, pero ser educado y amable era una obligación, además, caerle bien a la gente y que hablen bien de ti puede abrir muchas puertas o terminar de abrir las que están entreabiertas. 

-¡Morado y negro! Eh, y plata. Me gusta – 

- Ohhhhh, es genial Miyu, me encanta. A ver que me ha tocado a mí... - Abrió la funda y saco la ropa con delicadeza, como acariciándola. La examino con la mirada minuciosamente - uhhm, interesante. Gracias Bill - La ropa que le habían dado era de corte más serio que la de Miyu, y habían cambiado el morado por el azul. - Veo que lo han estudiado muy bien ajaja. -

Seguía admirando la ropa y no se dio cuenta de que Bill se fue a seguir repartiendo al resto de modelos. Dejó la ropa con cuidado encima del sofá y empezó a quitarse la suya.

- Haru… - Le llamó tan bajito que si no llega a ser él no le hubiese escuchado. Tenía una especie de detector para Miyu, lo había empezado a desarrollar el día que lo presentaron al grupo y había ido evolucionando poco a poco - Me da cosa cambiarme aquí. Puedes, no sé, cubrirme en esa esquina –señaló una de las esquinas vacías del camerino. Haru miró primero a la esquina que señalaba y luego miró a Miyu unos segundos antes de contestar. Al convivir con él se había dado cuenta de muchas cosas, sabía que se esforzaba al máximo, pero como todo el mundo, había cosas que no le gustaban hacer.

-Claro, dame un segundo.Oh! y sujeta esto por favor. - Le dio la ropa que había dejado en el sofá. Dio un par de zancadas largas y se puso junto a un grupo de modelos y ayudantes.

-Perdonad, ¿no tendréis un perchero de sobra verdad?- Hablaba en tono elevado para que Miyu pudiese ver de que iba la cosa. - Es que tenemos muchas cosas y no entra todo en el sofá, no nos han dejado nada por ese lado.- señaló con la cabeza en dirección a Miyu para que le viesen sujetando la ropa.- ¡ah! ¿Podría llevarme este prestado? - Sonrió mientras agarraba el perchero de un lado. Estaba medio vacío y Haru podía ver detrás de ellos uno que estaba lleno...pero confiaba en la amabilidad del más débil.

-¿No os han dejado uno? ehh, bueno claro que puedes llev-

-¡Muchísimas gracias! - Arrastró el perchero antes de que el ayudante terminara, no necesitaba más información y tenía algo de prisa. 

-Ya estoy, ponte aquí detrás. Yo me cambio delante de todas formas para taparte un poco más. - Colocó el perchero de tal forma que formaba una U con la pared y empezó a cambiarse en el único punto en el que podrían ver a Miyu.

*Así todos contentos. Además ya tenemos sitio para que no se arrugue nuestra ropa.*


************


Reiji se cambia rápidamente y pone su ropa en el perchero para ayudar a tapar a Miyu un poco más. Se acerca a Bill para que le haga los retoques necesarios. Ha participado como modelo para Bill en otras ocasiones y sabe que le gusta que todo quede perfecto. Bill le desarregla un poco la parte de arriba para que se vea algo más casual, y hace un par de notas en un cuadernito sobre el peinado que debería llevar Reiji durante el desfile. Cuando termina, Bill se dirige a Haru y Miyu para hacer lo mismo. Reiji se sienta en una silla a esperar.

- ¿Cómo va todo?

Ueda se le acerca con la chaqueta colgando del brazo.

-Lento- Reiji todavía está mosqueado con Ueda, a veces no sabe dónde está el límite entre ser estricto y ser desagradable.

Levanta la cabeza y le mira serio.

- Bill está con Miyu y Haru, he oído que Bill será el primero en el desfile. ¿Qué tenemos que hacer después?

- Os van a hacer una entrevista en el hotel y luego ya os vais a la fiesta- le informa Ueda sentándose a su lado y dejando la chaqueta sobre las piernas-. Acabo de hablar con el jefe, contactó con una revista de Osaka ayer y me acaba de comentar lo de la entrevista.

Nota que Ueda está irritado, no le gustan los cambios de última hora.

- Y tú- se gira hacia Reiji con el ceño fruncido-, más te vale comportarte en la fiesta.

Reiji se apoya en el respaldo de la silla sin dejar de mirar a Ueda a los ojos. Está un poco hasta las narices de la niñera desagradable. Intenta respirar hondo para no contestarle mal.

-Reiji, ya estamos listos- dice Bill pasando delante de él seguido por Haru, Miyu y otros modelos en dirección a la puerta.

Sin apartar los ojos de los de Ueda se levanta irritado. Antes de empezar a andar le dice por lo bajo:

- …ya veremos lo que hago en la fiesta.

En la pasarela Bill les da indicaciones a todo, tampoco parece muy diferente a otros desfiles. Es una pasarela bastante normal, pero durante el desfile el suelo estará casi a oscuras porque van a centrar la atención en la parte superior del cuerpo, así que Bill les pide que caminen de una manera determinada y les da el orden de entrada. Hacen un par de ensayos rápidos para estar seguros y vuelven a cambiarse al vestuario.

**************

Le dedicó una sonrisa resplandeciente a Haru y luego se quedó a la espera de cotillear el resto de ropa que les había tocado a los demás.

-¿Y luego nos la van a regalar? –preguntó a Bill con todo el morro. Éste le sonrió y negó con la cabeza. Parecía que iba a añadir algo más, pero le reclamaban por otros lares.

Miyu hizo caso a la petición de Haru y luego, después de darle las gracias fervientemente, se escondió detrás del perchero para cambiarse de ropa a la velocidad de la luz. No fuera a ser que reclamasen el perchero o sucediese algo y… no quería mostrarse en paños menores.

Al parecer Bill comunicó a las cámaras que esperaban fuera del camerino, que todos los de dentro ya estaban vestidos, puesto que entraron al poco. Miyu se dejaba hacer por Bill mientras miraba de vez en cuando a la cámara que tenía más cerca y hacia muecas graciosas. Señaló la ropa que llevaba encima e hizo la “v” con los dedos, al mismo tiempo que ponía cara de felicidad, como diciendo que le encantaba la ropa.

-Ueda, Ueda –dijo para llamarle la atención al mánager. Se estiró la prenda de arriba y giró una vez sobre sí mismo para mostrar la ropa que llevaba. De vez en cuando hacia cosas así para dar a entender que se portaba bien y hacía las cosas correctamente. No era ningún pelota pero le gustaba que le confirmase que cumplía con su deber. Al fin y al cabo, siempre había tenido bastante ausente la figura paterna.

-Reiji, ¿tú vas a…? –comenzó a decir justo antes de hacer el primer desfile de ensayo-, ¿sonreír? –fue bajando el tono de voz. <<No va a sonreír>>, pensó. Reiji era un tipo duro y no se lo imaginaba luciendo sonrisa profident allí arriba.

Echó un vistazo a Haru. No, quizá él tampoco. <<¿ Y yo? ¿Tengo que sonreír?>>.

Se fijó en todos y cada uno de los modelos y se los veía muy serios. <<Entonces, yo tampoco sonrío>>. Y eso fue lo que hizo. Desfiló concentrado, sintiendo su cuerpo y controlándolo a cada paso que daba. Miró a un punto fijo del horizonte a pesar de los focos.

El ensayo fue todo lo bien que podía ir. Le pareció bastante soso en comparación a los que hacía su madre, claro que eran dos mundos totalmente distintos. Aquel era un desfile lleno de madurez y carisma.

De vuelta en el camerino, Miyu no hace el intento de volver a cambiarse de ropa. Pregunta a Bill si es posible quedarse con la que iban a desfilar y mientras no la estropee, le da vía libre.

-¡Eh, eh! –exclamó para llamar la atención de alguno de los dos-. ¿Quién quiere echar un pulso de pulgar conmigo?

************

Haru terminó de cambiarse y se quedó junto a Miyu a esperar que Bill le retocase lo que fuera necesario.

Al entrar las cámaras las saludó disimuladamente y sonrió

-Ya no nos queda nada para empezar- les dijo. 

Por suerte se acercó Bill para darle los últimos retoques, lo que hizo que no necesitase hablar más a cámara. Mientras Bill repasaba Haru saludó con la cabeza a Ueda, le había visto entrar con mala cara, seguro que había algún cambio de última hora, pero prefería no saberlo, en esos momentos estaba muy contento.

No tuvo ningún problema en el ensayo, desfilar era ya parte de su ser. Desde que descubrió el mundo de la moda cuando era pequeño, solía jugar todos los días a desfilar por su cuarto. Había pasado horas desde niño observando a los mejores modelos, cuando llegó al instituto ya tenía dominadas a la perfección las técnicas que más le habían gustado de los supermodelos internacionales, ya fuera posando o desfilando. 
A veces se preguntaba que pasaba con su coordinación como modelo cuando se ponía a bailar...o hacer deporte.

Decidió quedarse con la ropa puesta, al igual que Miyu, aunque supuso que por razones distintas.

El tiempo que usaba el resto para cambiarse lo usaba para no perder detalle. Miraba disimuladamente de un lado a otro, los colores y formas de la ropa; las relaciones entre modelos, ayudantes, estilistas, diseñadores. Había cosas muy interesantes...

-¡Eh, eh! –exclamó Miyu-. ¿Quién quiere echar un pulso de pulgar conmigo? -

Haru se dio la vuelta para mirarle con extrañeza. 

-¿Un pulso de pulgar? ¿Cómo funciona eso? - 

Las pocas relaciones que había tenido en su niñez le habían dejado con un pequeño vacío de conocimiento popular. Sabía lo que era un pulso normal, había tenido que hacerlo más de una vez en el instituto, pero eso del pulgar no lo tenía claro, la versión normal no la encontraba especialmente divertida, aunque la competitividad que generaba le parecía curiosa, pero ¿a esa escala qué gracia le podían encontrar? 

Tras las miradas curiosas le explicaron y le hicieron una demostración.

-uhmm, es un poco como jugar con un joystick, ¿no?- 

Por suerte o por desgracia no pudo comprobarlo, tenían que empezar con el desfile oficial. 

-Bueno otro día me enseñáis vuestros mejores movimientos -

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